Hay actos culturales que se limitan a presentar un libro y otros que terminan convirtiéndose en una conversación colectiva sobre la vida, el sufrimiento, el miedo, la libertad y la forma en que cada persona intenta encontrar su lugar en el mundo. Eso fue precisamente lo que ocurrió en el Centro Cultural y Obrero de Totana durante la presentación de Fragancias de Oriente, la nueva obra de Víctor Muñoz Calero, una cita organizada en un ambiente cercano y familiar donde literatura, filosofía y experiencias personales terminaron mezclándose hasta convertir la tarde en algo mucho más amplio que una presentación editorial.
La velada reunió a amigos, lectores, colaboradores y personas que llevan años siguiendo la trayectoria del autor petrerense, muy vinculado a Totana desde hace más de una década. Primero tomó la palabra Aurelia, editora, compañera de camino y figura materna confesa del escritor. Después fue el turno del propio Víctor Muñoz Calero, quien compartió el origen personal de una obra escrita hace más de veinte años y guardada durante quince en un cajón. Finalmente, un extenso coloquio con el público permitió profundizar en las ideas planteadas durante la tarde.
Aurelia: una historia de libros, pájaros, casualidades y familia
Aurelia comenzó agradeciendo al Centro Cultural y Obrero su acogida y recordó que, aunque Víctor Muñoz Calero nació en Petrer, hace tiempo que muchos lo consideran "uno más de la familia". Quiso remontarse al origen de esa relación, que comenzó en 2014 con la publicación de Pescadores de sueños, la primera obra que compartieron.
"Cuando lo conocí pensé inmediatamente que quería que mis hijos lo escucharan", explicó, recordando cómo lo convenció para ofrecer charlas en institutos como Prado Mayor y Juan de la Cierva, además de otros centros educativos de Lorca, Murcia o Alicante. Desde entonces, Víctor ha recorrido numerosos lugares impartiendo encuentros de manera completamente altruista. "Siempre ha venido de forma generosa, sin importarle hacer kilómetros. Porque además de escribir libros, queremos escribir en los corazones."
La editora explicó después cómo nació la recuperación de Fragancias de Oriente. Durante años insistió al autor para saber si guardaba más material escrito: "Le decía: seguro que tienes algo escondido en un cajón." Y así apareció el manuscrito. Un manuscrito anterior incluso a Pescadores de sueños. Cuando comenzó a revisarlo esperaba un proceso largo, pero ocurrió justo lo contrario: "Pensé que tardaría muchísimo y me lo terminé en tres días. Me abdujo completamente." La conclusión fue inmediata: "No era justo que tanta sabiduría siguiera guardada."
Durante gran parte de su intervención apareció una metáfora que acabaría atravesando toda la tarde: la figura del pájaro. Uno de los hilos conductores del libro gira precisamente alrededor de esa imagen y, casi sin buscarlo, comenzaron a sucederse pequeñas casualidades relacionadas con aves. Aurelia recordó con emoción una fotografía que Víctor le envió por WhatsApp: un pájaro posado en su ventana en pleno enero, en el momento exacto en que ambos hablaban sobre la simbología del ave dentro de la historia. "Cuando estábamos hablando del pajarito, me mandó la foto. En enero. ¿Qué hacía un pájaro en enero posado en su ventana?"
Las casualidades no terminaron ahí. Aurelia mencionó también la conexión de los pájaros con el Centro Cultural y Obrero y con la figura de Juan José Cánovas, presente en la memoria del lugar y en el corazón de quienes lo frecuentan. "Cuando le enseñé la foto del Centro y vio todos los pájaros me dijo: 'Aurelia, me das miedo'. Y yo le respondí: 'Yo también me doy miedo'."
La editora recordó igualmente los comienzos inseguros del escritor frente al público. "Su primera charla fue leyendo folios enteros." Sin embargo, ambos crecieron juntos: "Aprendimos a soltar los papeles y hablar como si estuviéramos con amigos."
También quiso recordar el nacimiento de la asociación Puente Gotas de Luz, surgida de un encuentro en el teatro de la Cárcel en 2015, cuando Víctor expresó su deseo de hacer algo solidario. De aquella conversación nació la asociación junto a otro autor y al propio Víctor, y desde 2016 o 2017 desarrolla talleres, actividades y encuentros. "Sin él muchas de esas cosas no existirían."
Aurelia cerró definiendo la inspiración como "un soplo divino": "Somos ordenadores conectados a una nube. Las ideas llegan y nosotros simplemente las recibimos."
Víctor Muñoz Calero: un libro secuestrado durante quince años
Cuando tomó la palabra, Víctor comenzó con humor: "Si el libro ha estado quince años en un cajón, quizá yo no sea el autor. Soy el secuestrador." Agradeció al Centro y reconoció sentirse en Totana como en una segunda familia. Recordó emocionado cómo numerosas personas del municipio viajaron hasta Petrer para la presentación anterior. "Eso no se olvida."
El autor explicó que conoció a Aurelia de una forma casi accidental. Se encontraba en Italia cuando una agente literaria común insistió en ponerlos en contacto. El teléfono sonaba sin parar mientras intentaba no cogerlo. "Sonaba, yo colgaba y a los cinco minutos otra vez." Fue aterrizar —sin haber salido aún del finger del avión— y volver a sonar. "Dije: bueno, ya aquí." Aquella insistencia terminó convirtiéndose en una colaboración de más de una década.
Víctor confesó sentirse incómodo con la exposición pública y con el mundo editorial. "Sin ella, probablemente casi nadie conocería mis libros." Pero antes de hablar del nuevo libro quiso contar cómo releyó el manuscrito después de quince años de olvido. Lo que sucedió lo resumió en una frase: "Mi hija entró en la habitación y me preguntó: 'Papi, ¿por qué lloras?'" Porque cuando lo leía era como si no fuera suyo.
El verdadero núcleo de su intervención llegó cuando explicó el origen profundo de Fragancias de Oriente. Hace aproximadamente veinte años atravesó un periodo extremadamente difícil. "Mi vida se cayó en pedazos." Ese derrumbe lo llevó a China. Llegó a la Universidad de las Lenguas para estudiar mandarín, vivió con universitarios chinos y quedó fascinado por convivir con ellos más que por viajar como turista. "No fui buscando espiritualidad. Fui buscando una aventura y terminé encontrándome conmigo mismo."
El libro no es exactamente autobiográfico, aunque nace claramente de experiencias reales. "Pongo a los personajes en problemas. El drama lo invento yo. Pero luego dejo que la vida encuentre cómo resolverlo." Y al releerlo vio algo que no esperaba encontrar: "Un chico que hace 20 años se le cayó la vida en pedazos y se fue a China. Ese soy yo."
El camino literario antes de Fragancias
Lo que pocos saben es que Fragancias de Oriente no fue la primera obra que Víctor escribió. Al volver de China redactó dos ensayos en un formato inusual: él mismo se hacía las preguntas y respondía, construyendo un hilo conductor pregunta a pregunta. Ambos fueron publicados, uno de ellos incluso en México, gracias a la mediación de Marta, la agente literaria que más tarde lo conectaría con Aurelia.
Sin embargo, el formato del ensayo le generaba incomodidad. "Todo el mundo te dice que lo sabes todo." Descubrió que a través de la ficción podía esconder al maestro detrás de los personajes: "Es el maestro que habla, no yo. Es a él al que le pasan las cosas, no a mí." Se apuntó a una escuela de narrativa, escribió cuentos, aprendió la técnica y entonces comenzó Fragancias de Oriente. Pescadores de sueños llegó después, escrito en apenas tres o cuatro meses porque era más autobiográfico y no requería inventar tanto. Todo lo que aprendió trabajando ese libro con un crítico que Marta le consiguió lo aplicó después a Fragancias.
Un pequeño insecto frente al sufrimiento
Uno de los momentos más sinceros llegó cuando rechazó las etiquetas que muchas personas le atribuyen. "A veces me dicen que parezco un sabio o un maestro." Recordó entonces las palabras de un maestro tibetano que asesoraba al Dalai Lama cuando era niño y que siempre terminaba sus consejos con la misma frase: "Pero no olvides que solo eres un pequeño insecto." Esa imagen, explicó, resume perfectamente cómo se percibe. "No escribo porque sea sabio. Todo lo que aprendí viene de estar arrinconado luchando contra pensamientos destructivos."
El superpoder que nadie pide pero todos necesitan
En sus charlas con jóvenes, Víctor suele lanzar una pregunta que siempre desata la misma reacción: ¿qué superpoder elegirías? La invisibilidad, leer las mentes, teletransportarse, saberlo todo. Y luego viene la respuesta que nadie espera: aprender a amar y disfrutar lo que haces, sea lo que sea. "Da igual lo que hagas, da igual a qué te dediques. No esperes a que te guste. Aprende a que te guste." Para él, es una de las enseñanzas más transformadoras que encontró en Oriente, aunque reconoció que le faltaba algo: la bondad y la compasión.
La metáfora central: el pájaro y la jaula
La explicación que más impacto produjo fue la del pájaro. Víctor pidió imaginar un ave encerrada. Tiene comida. Seguridad. Protección. Si se abre la puerta, vuela. Después pidió imaginar a una persona. Tiene comodidades. Seguridad. Una jaula con barrotes dorados incluso. Y sin embargo, cuando se abre la puerta, no sale.
¿Por qué? El miedo, respondió alguien del público. Pero Víctor fue más lejos: el miedo no es la causa, es la consecuencia. "El pájaro vuela porque conoce su naturaleza. El ser humano tiene miedo porque no conoce la suya." La mente humana, explicó, tiene la extraordinaria capacidad de proyectarse al futuro y al pasado, pero la usa constantemente para crear drama y encerrarse. "Cada barrote es un pensamiento negativo, una limitación, un miedo." Y en eso radica la paradoja: el ser humano tiene el cerebro más desarrollado de la naturaleza y lo usa precisamente para no salir de la jaula.
Bondad, compasión y platos sucios
Otro eje importante fue la compasión. Explicó la idea budista de bodhicitta mediante un ejemplo cotidiano: fregar platos. Un maestro tibetano le enseñó que la tarea cambia completamente cuando deja de hacerse desde el egoísmo. "Si piensas que cuidas a tu familia, que permites que coman en un plato limpio, que los estás cuidando, la experiencia cambia." El deseo egoísta de estar haciendo otra cosa convierte la tarea en algo desagradable. La motivación compasiva la transforma.
También explicó la idea oriental de considerar simbólicamente a todas las personas como posibles madres en vidas anteriores. "Suena raro para el occidental, pero la imagen de que es mi madre me crea la bondad de beneficiar." Y conectó esto con algo que le chocó observando personas con problemas de adicción: la resistencia a abandonar el egoísmo es casi idéntica a la resistencia a dejar una sustancia. "Por un poco no pasa nada. Y el pensamiento te lleva."
China, la expresión que lo dice todo y diez años de reclusión
Al volver de China, Víctor no se reintegró a la vida social. Estuvo cerca de diez años prácticamente recluido: leyó cerca de cien libros al año, escribió, viajó e investigó. "Volví convencido de que el mundo que hemos construido no me gusta. Y aprendí a que me guste, pero sin dejarme llevar por él."
De aquella estancia en China recordó especialmente algo que llamó mucho su atención: la forma cotidiana de saludarse. No el "hola" habitual, sino una pregunta: "¿Has comido hoy?" Una expresión que, explicó, habla de toda una cultura. "Para ellos no es de respeto saludar a alguien que no ha comido. Es un cuidado que tiene siglos de historia detrás."
El gran coloquio: presencia, pensamientos, sociedad y mérito
La segunda mitad del encuentro derivó en un largo intercambio con los asistentes.
Presente o presencia. Víctor insistió en una distinción que considera fundamental. El presente sigue siendo una medida temporal. La presencia es otra cosa: el estado del pájaro, que no mide el tiempo porque no tiene la herramienta para hacerlo y por eso vive en su máxima expresión en todo momento. Cuando el pensamiento no interfiere, la experiencia existe de otra forma.
Todos los pensamientos son falsos. No el pensamiento en sí, sino creer absolutamente todo lo que la mente produce. "El pensamiento constantemente crea separación." En estados de meditación profunda, esa separación entre yo y los demás desaparece. El pensamiento es una herramienta, pero la usamos para encerrarnos en lugar de para crecer.
La sociedad construida sobre el deseo. Las civilizaciones, explicó, se han construido alimentando deseos constantes sin conocer la naturaleza humana. "Somos como árboles frutales. Si no sabes lo que necesita el árbol, el fruto es amargo. El mundo que hemos creado no armoniza con nuestra naturaleza. Por eso el conflicto."
No ayudo a nadie. Cuando alguien del público le agradeció su ayuda, su respuesta fue clara y directa: "No ayudo a nadie." Explicó el concepto budista del mérito: cada persona recibe aquello para lo que está preparada. "Yo puedo decir lo mismo a todos y cada uno se va a llevar algo diferente. ¿Quién hace eso? Esa persona, con su propio mérito."
El peligro de juzgar. Contó la historia de unos marineros expulsados de un barco tras emborracharse en Liverpool. El barco zarpó sin ellos y nunca llegó a su destino: se hundió. "No sabemos lo suficiente para decidir qué es bueno o malo en la vida de otra persona."
Una tarde que terminó siendo algo más que literatura
La presentación concluyó entre aplausos, conversaciones informales y un aperitivo compartido. Pero sobre todo dejó la sensación de haber asistido a algo distinto. Porque durante el acto el Centro Cultural y Obrero dejó de ser simplemente un espacio cultural para convertirse en un lugar donde hablar del miedo, del pensamiento, del sufrimiento, de la compasión y de esa búsqueda constante que muchas personas realizan intentando comprender quiénes son.
Y quizá por eso la metáfora del pájaro sobrevivió a toda la tarde. Porque las jaulas humanas rara vez están hechas de barrotes. Casi siempre están hechas de pensamientos.




















